sábado, 11 de abril de 2015

bruja

sólo un vértigo distante puede licuar esa fantásmatica insistencia:
mirarte a los ojos es ver todo lo que no soy ni seré.
escalones en espiral suben y suben sin rastro de mis huellas
sólo pequeños presagios desgastados, imbuidos de incertidumbre
nada nada se refleja en la ilusión pasajera de la única palabra que
sirve para convocar eso que te sobra y anhelo.
tu pelo rojo y vulgar, se derrama en tus hombros de un blanco lechoso.
no sé qué ve en ellos pero ve y alcanza, así como tu boca de labios finos.
siempre desconfié de esas bocas como tajos, apenas dibujadas, las intuyo
maquiavélicas
casi sacrílegas
un súcubo escondido en la apariencia
si embargo no es eso lo que quiero
lo que quiero es algo que no sé si te pertenece
pero que atado está a un ala blanca y a una estaca.
mientras la enorme serpiente se arrastra en sinuosa cadencia
respirando con su ruido siseante.
como si tuvieras marcado en la piel un pentagrama invertido
voy hacia vos como una galaxia a punto de ser devorada por la materia oscura.
lo tuyo blanco, lo tuyo azul, lo tuyo violeta
lo que puede volar y elevarse mientras el súcubo arde en llamas negras
y se deshace en agónicos giros que despiden su sangre, arena oscura que estalla.

sábado, 18 de octubre de 2014

Había



Un color musical.
Un batir de palabras entre labios que decía otra cosa.
Una mirada arrinconada en el deseo.
Una multitud de abrazos a quemarropa.
Una intensidad que amenazaba el equilibrio del mundo entero.

Había.

Ya no.




lunes, 10 de marzo de 2014

Agua

una lengua de fuego
una miríada líquida
de instantes
que se vierten
en instantes
que se vierten
en instantes
que se vierten
y confluyen en ese espacio candente
que nos une y nos eleva
en espiral de humo
en ritual de chispas
en agotada síntesis

anoche soñé que bailábamos
 
 
 
Publicado en Amor profano hace años

jueves, 17 de octubre de 2013

Ser

Quiero ser Alicia perseguida por Conejo Blanco.
Quiero ser la sonrisa del Gato.
Quiero ser el Tiempo sin reloj.
Quiero ser el ruido y el paraíso.
Quiero ser el resplandor, la hoguera, la chispa.
Quiero ser el rastro húmedo del amor saciado.
Quiero ser la furia mordiendo el desencanto.
Quiero ser yo y otra.
Quiero perderme entre juncos.
Quiero encontrarme volviendo del silencio.
Quiero ser el beso, la caricia, la mirada.
Quiero volver a este lado del espejo.
Quiero dejar de ser un reflejo.



jueves, 7 de marzo de 2013

Amén

Me llueve en un pie que ni siquiera es mío. Ahora entiendo por qué nunca llegaba a destino. Un pie ajeno a mí, creando circunstancias paralelas. Y además la lluvia. Mucho para un destino sin sendero y un pie que no calza en su zapato.
Visto desde acá, es claro, preciso y hasta circunspecto. Salvo el zoquete que le quita toda seriedad al asunto. Es decir, se ve que no es mi pie y que llueve y eso explica todo lo que hay que explicar.
Pasos que no conducen a ningún lugar porque se enredan en cordones sospechosos de nudosa algarabía, entonces confunden los puntos cardinales. Eso es tan yo que no es raro que al principio no me haya percibido desubicada en el tiempo y el espacio.
Risas que se pierden en cavernas oscuras y hacen un eco grave y milagroso porque echan osos que recién se despiertan (tan de malhumor, tan poco Pooh) y mariposas y murciélagos y un conjunto de conejitos marrones mientras el ruido del agua que fluye más abajo da frío y ganas de abrazar a cualquiera, al que tengas al lado o a vos mismo.
Lágrimas que caen gota a gota sobre besos prohibidos, besos que se fugan, besos que no dejan de intentar encontrar la boca que los reciba con un aliento a hierbabuena, a manzana, a invierno y vos qué tal, cómo estás, hace frío, dale, vamos juntos.
Me llueve en un pie que ni siquiera es mío.
Y eso es un portento.
Todo un prodigio que está confinado en el borde más borde de la luna. Porque siento, siento y siento con todo esto que soy y con un pie que ni siquiera es mío. Así que mirá si no es el borde.
─La luna no tiene bordes ─me decís como si me importara. Y tu voz, que no tiene una cabeza cerca y una lengua adentro de una boca que la diga, suena así de próxima. Yo creo que es culpa de los conejitos marrones. Y del pie, claro está. Que escuche tu voz, digo.
Y del zoquete, ese que descompaginó todo con su ansia de evidencia. Con sus ganas de ser purificado por la lluvia. Redentora. A la lluvia siempre le dicen redentora. La lluvia redime. El perdón también. Al perdón no le importa si tu pie te pertenece, si los zapatos te calzan o si te llueve de adentro afuera y viceversa. No se detiene en esas nimiedades porque el perdón tiene esa cosa de almas. Ve más allá. Va más allá. Como los conejitos, que salieron persiguiendo al oso...
De esta suerte fue que me di cuenta que te perdoné el desamor pero no la falta de cosquillas y que si quiero lluvia, me aguanto las tempestades.


miércoles, 5 de diciembre de 2012

La luna en llamas

 orillas plácidas y senderos de luna roja en el agua
destello de tu sombra bordado en húmedo vaivén
clepsidra detenida como el deseo
en el borde de mi lengua
que te busca como si fueras un destino furioso
y te encuentra en la piel caliente
en el abrazo contenido
en el beso robado
en el latido violento de tu corazón que no miente
en la sonrisa escondida
en la mirada profunda
en el gesto reprimido
en la respiración voraz
la tuya y la mía
preludio exquisito
de una batalla primitiva
que los dos ganamos y perdemos
entre rumores incoherentes apenas exclamados
y sedosos embates
tu cuerpo contra el mío
en el mío sobre el tuyo
convulsionados palpitantes
líquidos curiosamente anidados
agotados y radiantes

la luna en llamas
vos yo
y un aroma a sudor y jazmines


jueves, 22 de noviembre de 2012

Sin brújula

Así de accidentado. Perdido en la bruma y el agua.
Derrotero sin carta de navegación.
Un movimiento a ciegas, sin estrellas.
Y sin embargo, de irresistible levedad.
Te anima (la levedad) a hundir los pies sin mirar si hay apoyo.
A caminar con los ojos apenas entreabiertos.
A intentar apresar la niebla a sabiendas de que es imposible.
Como querer atrapar un sueño cuyo sentido revolotea en el
fondo de tu mente y que se fue en cuanto enfocaste la mirada
en el reloj.
Hay cosas inasibles.
Vos, por ejemplo.
Yo, mi ego cada tanto.
Hay cosas que se quieren con la terquedad del capricho.
Pero se pierden en la razón nuestra de cada día.
Almas desnudas buscando su cobijo.